Cuando se responde a las necesidades de los estudiantes en el aula, estos tienen una actitud positiva y obtienen mejores calificaciones en las evaluaciones (Cotton, 1998). Todos los estudiantes necesitan alguna adecuación o apoyo individualizado; la información que se obtiene de la evaluación formativa ayuda al docente a encontrar las mejores estrategias para atender estas diferencias. Además, los alumnos necesitan ambientes que les permitan usar sus mejores aptitudes e intereses para desarrollar así sus conocimientos y habilidades. Tomlinson (2000) enumera cuatro formas en que los docentes pueden diferenciar el aprendizaje:
Proceso. Recomendar diferentes formas de abordar el contenido.
Productos. Permitirles que ensayen, apliquen y relacionen lo que han aprendido en una variedad de formas.
Ambiente de aprendizaje. Crear un aula flexible con espacios tranquilos que permitan el trabajo con otros y enseñar rutinas que fomenten la autonomía.
La autonomía, como habilidad del siglo XXI, es una meta importante para los estudiantes. Los alumnos que comprenden las formas en que aprenden tienden a usar las estrategias apropiadas para completar satisfactoriamente las tareas. En el caso de los alumnos con NEE, esta habilidad los ayuda a desarrollar las tareas comprometiéndolos a aplicar todo su potencial; sin duda, es una habilidad muy importante para el buen desempeño en los estudios, en la vida cotidiana y en el trabajo.
¿Cómo apoyar las diferentes necesidades de los alumnos?
Nosotros los docente debemos utilizar diferentes estrategias de enseñanza para responder a las necesidades de todos nuestros estudiantes, es muy importante determinar el nivel de desafío que se le presentará para que ellos puedan desarrollar su potencial.

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